Lo bueno no pasa

Fragmento de la puesta en escenaDice El ciervo encantado que Un elefante ocupa mucho espacio y yo digo que sí. No alcanza ni cabe en escena tanta interpretación corporal, signos lingüísticos desde la gestualidad y tanto éxtasis hecho teatro.

La obra, que acumula 23 años de su primera puesta en escena cumple cabalmente aquello de que lo bueno no pasa…de ahí que fuera reconocida durante la VII Jornada Nacional de Teatro Callejero en la ciudad de Matanzas. Y es que sus actores definen la pieza como un proceso de investigación constante, que permite la experimentación en las tablas y la permanente improvisación actoral. 

“Lo que hace que Un elefante ocupa mucho espacio persista luego de dos décadas es que conforma una especie de entrenamiento, que permite la liberación del cuerpo. Un ejercicio básico que tiene ese espectáculo es precisamente liberarnos de tensiones, nos elimina tabúes y nos aleja de la cotidianidad. Sin lugar a dudas, es una forma de permitirle al cuerpo su expresión total”, manifestó Arnaldo Galván, actor del Ciervo Encantado.

Bajo la dirección de Nelda Castillo, esta versión dramatúrgica sobre el cuento homónimo de la argentina Laura Devetach, ha sido valorada por la crítica como una reflexión sobre el arte del actor, la relación arte-vida y la individualidad creadora, manifestándose como eje principal la necesidad permanente del riesgo.

No se necesitaron palabras para que el público comprendiera. Bastó solamente el vaivén de unas cuantas pelotas y la expresividad en el cuerpo para que el sujeto fuera partícipe junto a los actores de un encuentro con lo simbólico, lo real y palpable. Desde la escena de la Jornada de Teatro Callejero, se evidenció la madurez artística de muchas agrupaciones teatrales, que como El Ciervo encantado, forman parte de la pluralidad discursiva que acompaña al teatro cubano contemporáneo.

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