Madúranos presidente

Mi hermana, que hace un breve tiempo se le escapó a mi mamá de las manos y que juguetea ya con pensamientos propios, muy suyos, quiere que Nicolás Maduro realice una visita a Jagüey Grande. A ella no le importa si es un recorrido oficial a lo presidencialista, pero quiere de todos modos que aterrice el presidente de Venezuela por ese sur de tierras coloradas y de cítricos.

-Tata tú te imaginas, las calles y carreteras se asfaltarían por completo. A mamá le durarían un poco más las gomas de la bicicleta, que ahora cuestan cantidad.

Y yo me lo imagino inocentemente y es hermoso oler el chapapote, el nuevo asfalto que aplasta los huecos de las calles, veo el tráfico paralizado, la gente que se alegra por la llegada de Maduro.

-Tata, seguro arreglarían un tilín el estadio de Jagüey, pintarían el gobierno, los contenes del parque, el anfiteatro…

Y yo me embarro toda de cal en los trabajos voluntarios que convocaron los CDR para pintar los filos de las aceras, veo otro municipio y me alegro de que Maduro esté junto a nosotros y hasta le digo:

-Gracias presidente, por madurarnos un poco el pueblo. Pero vuelvo. No hay visita, no hay nada. Solo aroma a naranjas.

Parque de Jaguey Grande
Parque de Jaguey Grande.

 

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